
Hacía frío esta mañana. Mis dedos te buscaron entre las sábanas, primero confiados, luego ansiosos. Ayer traté de hacerte entrar en razón pero la puerta de mi guarida era demasiado estrecha.
No sé cuando has podido irte, no te he oído. Soñaba contigo. He visto imágenes viejas de nosotros riendo entre abrazos, mirándonos a los ojos, acariciándonos. Te he evocado en el mar. Ese que nos acompañó, cómplice en nuestros primeros encuentros.
la cama está aún caliente. Puede que estés en la ducha... No se oye, igual desayunando.
Cuando eras aún desconocida para mi, te levantabas temprano, con la vitalidad de un niño en día de Reyes. Pero entonces no te ibas. Podía oír tu eco desde la cama y tu aroma permanecía en mi todo el día. Es raro, no te oigo. Cuando te pones crema en la piel permaneces en silencio largos minutos. Desapareces del murmullo de la casa, ese que te reconoce, del que formas parte. Ahora no estás. Sé que no estás por que te intuyo en el silencio, sé cuando me acompañas, cuando lees en otra habitación o solo piensas, y ahora solo noto vacío. Te fuiste esta madrugada sin decir nada, como un fugitivo. ¿Huías de mi? Yo dormía pensando una mañana mejor. No soporto discutir. Cuando me haces quedarme sin palabras. Veo el dolor en tus ojos y me pierdo, quiero correr y sé que no debo. No está bien huir, es una falta de respeto. ¿Donde habrás ido? Ayer no fue para tanto. No me entendías, era sencillo. Intercambiábamos impresiones, nada más. ¿Por qué te lo tomas todo a la tremenda? ¿Donde estás? No sé que hacer, ¿Te llamo al móvil? No quiero que pienses que te controlo. Quiero que pienses que todo es como cuando nos conocimos, pura sensualidad. Como cuando un roce se convertía en llama. Cuando mi único objetivo eran tus ojos y tus labios. No pienses en el estúpido que anoche quiso ser más que tú. Borra eso, por favor, solo era miedo. En realidad soy un tonto. Estoy tan desvalido que me aferro al estereotipo de hombre fuerte para sobrevivir. No puedes andar lejos. Si salgo a buscarte te lo podría explicar. Te mereces una explicación. En realidad yo no soy el de anoche. Soy aquel de los ojos y los besos. Pero, ¿Por qué no vuelves ya? Voy a hacer la cama, pasarán unos minuto y verás que no le he dado importancia. Si no has vuelto para cuando termine, te llamaré con alguna escusa. Buf, ya está, voy a llamar. A ver, respira hondo, marco...