Trabajo como comercial. Desde hace años alterno trabajos en lo que vendo diferentes cosas. Ultimamente me he especializado en la representación de equipos orientados al mundo industrial. Esto le añade un componente técnico que me estimula y hace mi trabajo más agradable e interesante.
Empecé a asistir a los talleres de habilidades directivas y técnicas de comunicación hace unos años, a raíz de una oportunidad que surgió por un contacto familiar. Yo no conocía lo que estos pueden aportar al desarrollo personal y profesional, pero ahora no puedo dejar de recomendarlo. En mi caso, me ayudó a encontrar nuevos puntos de vista sobre los que reflexionar y trabajar en todos los aspectos de la vida. Me explico. Todos tenemos una vida social, profesional y personal en la que hemos de gestionar situaciones en las que se implican otras personas. Estos terceros reciben nuestras acciones y devuelven respuestas que, a su vez nos afectan y comprometen nuestro estado de ánimo y el de nuestro entorno. Sabemos que una mirada, un silencio y, como no, una respuesta intempestiva pueden afectarnos mucho en lo emocional, pero también en el resultado de nuestro trabajo o relaciones familiares. Por lo tanto, es razonable pensar que, nuestras acciones tienen el mismo efecto en los que nos rodean, y sin embargo no solemos darle a estos temas la importancia que merecerían.

En un libro que estoy disfrutando desde hace unos días, se habla de una las peculiaridades del ser humano en su forma de relacionarse con los demás. Nosotros tenemos la capacidad de suponer la intención que subyace en las acciones de los otros. Podemos otorgar un motivo final para el comportamiento de un semejante. Es decir, no solo reaccionamos a lo que tenemos delante, lo que realmente ocurre, como haría otra especie animal, si no que lo hacemos con un prejuicio más o menos racional. Esta capacidad para asignar intención a los hechos nos ayuda en la medida en que prevemos acciones futuras de otros seres animados.

El problema viene cuando nuestra inquieta mente utiliza este mismo procedimiento con seres inanimados. Somos capaces de asignar intención a los fenómenos meteorológicos, al calentamiento global, a la luz solar y hasta la propia ley de la gravedad. El mensaje de -"La tierra nos castiga por nuestros desmanes" No es tan retórico como se supondría en un análisis absolutamente racional. En círculos vehementes se cree y se teme el mensaje atribuyendo a la tierra comportamiento social.
Otro de los problemas inherentes a esta cualidad del comportamiento humano reside en nuestra capacidad limitada de analizar los signos y, por tanto de interpretar, en el otro, la intención correcta. No hay más que recordar cómo nos oímos en una grabación o cuan diferentes nos vemos cuando nos graban sin que lo sepamos. Así, nuestros mensajes ya son diferentes a lo que quisiéramos que fueran y a la vez, están expuestos a la presencia de ánimo del receptor.
Ni que decir tiene que, esta dudosa cualidad de interpretar los mensajes según nuestro estado de ánimo nos mete en algunos líos de los que seguro todos tenemos ejemplos que recordar.
Hoy me ha dado por esto y otro día me dará por lo otro. Je, je ... Te lo dedico (Lástima que no sepas quien eres) !!